Como decía en un post anterior, mido 1,71 m (en vertical)
Para “arreglar” el IMC, que no deja de ser una fórmula matemática, hay dos opciones: o crecer o adelgazar.
IMC=Peso / (Altura)^2
Según los cánones del IMC mi peso debería andar entonces por los 70 kg… O mi altura por los 2 m…
Una ligera variación en la altura, que además va elevada al cuadrado, tendría un efecto demoledor en el IMC, pero por mucho que me esfuerce en crecer creo que el denominador va a permanecer prácticamente invariable. Desde luego, muy lejos de los 2 m.
Existía un método de tortura medieval, el potro, que ayudaba a crecer, pero hoy en día en nuestra sociedad, al menos en la occidental, está en desuso. Ha sido sustituido por otros instrumentos de tortura, todos ellos presentes en cualquier sala de gimnasio que se precie: cinta, elíptica, estática, máquina de femorales, prensa de piernas, poleas cruzadas, máquina de aductores/abductores, dorsalera, peck deck, mancuernas, barras, bosu, etc. Todos ellos orientados más a generar masa muscular o a reducir peso que a ayudarte a crecer como el potro.
Debe ser que nuestro metabolismo no ha avanzado tanto como nuestro nivel de vida. Los continuos avances tecnológicos de las últimas décadas nos han ayudado a llevar una vida más cómoda, con mucho menos esfuerzo físico y con un fácil acceso a los recursos, y más concretamente a la alimentación. En cambio, nuestro metabolismo no ha avanzado a la misma velocidad ya que necesita siglos o milenios, no décadas, y sigue anclado en las necesidades de un organismo que debía realizar muchas más tareas físicas y con un acceso a los recursos alimenticios mucho más reducido; es decir, un metabolismo “ahorrador”.
Y aquí estamos, hemos pasado del “consejo” de nuestra abuela que había vivido la escasez de la postguerra que ordenaba “no te dejes nada en el plato”, de la salud en los niños reflejada en un aspecto rollizo, de la imagen de prosperidad ligada a un cierto sobrepeso; a lo que ahora llaman una epidemia de obesidad, que por supuesto no pongo en duda (sería muy políticamente incorrecto hacerlo). Los estándares de salud y de prosperidad hoy son otros, completamente opuestos. Ya no hablo de los estándares de belleza, que para mí, lógicamente, “están en el interior”.